¿CONOCÉS LA HISTORIA DEL CLÁSICO PAN DULCE NAVIDEÑO?

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Con frutas, sin frutas, con chispas de chocolate o con pasas de uva, el pan dulce no puede faltar en la mesa en estas fechas.

Existen muchas leyendas alrededor de este tradicional bizcochuelo de origen Italiano que hoy en día se consume en muchos lugares del mundo.

 

 

 

Una de ellas, la más popular en Italia cuenta que en Milán durante la víspera de Navidad de 1495 el duque Ludovico Sforza había organizado una cena. En la cocina, el chef estaba ocupado con la preparación de distintos manjares y le pide a un joven ayudante, Toni, que controle el horno donde se estaban cocinando unos bizcochos enormes, que serían el postre al final de la cena del duque. Sin embargo el ayudante en una distracción quema los bizcochos, entonces improvisa una masa y le agrega frutas confitadas, lo hornea y lo sirve como postre. El duque encantado con el bizcochuelo decidió llamarlo “Panne de Toni”, en homenaje a su creador. Se cree que de allí proviene la denominación “Panetonne” (pan dulce).

Otra leyenda cuenta la historia de un joven que se enamora de la de la hija de un pastelero milanés. Como la relación entre el noble y la plebeya no era bien vista, el joven se hizo pasar por aprendiz de pastelero bajo el nombre de Antonio (Toni), a fin de estar lo más cerca posible de su amada. Luego de unas horas inventó un pan azucarado, con frutas abrillantadas y aroma de cítricos. Tanto gustó a los milaneses que fueron a comprar en multitud el famoso “pane di Toni” y así el joven conquistó a su amada y a su familia.

Sea cual sea la verdadera historia, el éxito de este postre superó las fronteras de Italia y se impuso como tradición navideña también en varios países sudamericanos como Brasil, Argentina, Uruguay y Perú, gracias a los millones de emigrantes italianos que entre el final de siglo XIX y la mitad del siglo XX cruzaron el Atlántico en busca de oportunidades en Sudamérica.